Una mamá joven y la gracia de Dios que la sostiene
Una mamá joven y la gracia de Dios que la sostiene

Una mamá joven y la gracia de Dios que la sostiene

Por Melanie Morales, Escritora Invitada

No sé que piensas al respecto; pero para mí, la maternidad es una etapa hermosa y definitivamente llena de retos. Para algunas mujeres es muy esperada, y un tanto dolorosa y solitaria para otras.

En mi caso, me convertí en madre cuando tenía 25 años de edad. La maternidad a implicado negarme a mí misma para priorizar las necesidades de mis niñas, y aprender a calmar mis impulsos para comprender los de ellas. No he tenido otra opción que dejar a un lado mis mayores miedos y enfrentarlos con valentía, que solo me la ha dado el Señor.

Dios ha usado la maternidad para enseñarme que no soy tan paciente cómo pensaba y que necesito de Su ayuda para modelar y ejercer la paciencia con mis niñas. Pero lo que a mí me falta, a Dios le sobra. Puedo decir que Él me ha provisto de conocimiento y amor para seguir criando a mis hijas sabiamente.

Es por ello que me he entregado a la maternidad no en mi paz, sino en Su paz. He aceptando la maternidad como un precioso llamado de Dios para mi vida. Dios me ha dado convicción, por Su palabra, de que lo que siembre hoy en mis retoños, en el futuro será una cosecha hermosa y agradable para Él . 

Siempre mi deseo fue ser mamá, pero la realidad es que nunca me prepararé lo suficiente como para aceptar con amor lo que conllevaba esta etapa. Sobre todo,  mi corazón no lo estuvo. Y es ahí donde la maternidad me comenzó a saber un poco amarga, y con sentimientos no agradables a Dios.

En un principio, se me hizo difícil comprender todos los cambios que traería la maternidad a mi vida. Como por ejemplo; no dormir lo suficiente, un post parto complicado y todas sus emociones, y la dulce pero compleja etapa de la lactancia. Nunca imaginé que comería con una bebé encima de mí, y que mi religiosa taza de café en la mañana me la tomaría fría. Además,  por un tiempo dejaría de hacer cosas que llenaban mi corazón de gozo.

Recuerdo cuando tuve a mi primera niña, servía en el ministerio de adoración en mi iglesia local. Al dar a luz, llegó la pandemia y tuve que hacer una pausa necesaria unos meses a mi servicio en el ministerio. Pausa que se prolongó por tres años.

Hace unos meses comencé nuevamente a cantar en el ministerio de adoración. Me di cuenta que cuando mi mente y corazón cambian, todo empieza a tener un sentido diferente. He aceptado y entiendo a cabalidad que la maternidad no me es estorbo, que puedo servir a Dios junto a mi esposo y mis niñas, amando como familia a nuestra iglesia local.

Mis hijas son una bendición. El entender esto me hace servir a Dios con mayor gratitud.  Como dice Su palabra y la cual atesoro en mi corazón: “Los hijos que nos nacen son ricas bendiciones del Señor” (Salmos‬ 127‬:3‬, DHH).

Hay veces que dejamos a un lado servirle a Dios con mayor ímpetu porque tenemos niños. Y qué contradictorio es esto, ¿cierto? ¿Cómo teniendo una bendición, como lo es recibir a un niño en nuestro núcleo familiar pudiera quitarnos el enfoque verdadero de servicio a Dios?

Y es entendible que quizás no tendremos la misma disponibilidad, pero es importante ver como nuestro corazón está sirviendo aún en medio de la crianza. No necesitamos tener la disponibilidad completa, necesitamos tener un corazón humilde, enseñable, y de servicio a Dios y a nuestros hermanos en la fe.

Mamá, futura mamá, mujer que anhelas la maternidad, ¡prepárate he instrúyete en lo que es ser una madre de acuerdo a Dios! Nuestra manera de servir a lo mejor cambie un poco, pues la maternidad requerirá de nosotras el mayor enfoque. Pero no perdamos de perspectiva que somos instrumentos de Dios en todo momento. En nuestro hogar con nuestra familia y en la iglesia local con nuestro hermanos en la fe.

En la cotidianidad hagamos todo como para Jesús (Colosenses‬ 3‬:23‬-24‬ NTV). Alabémosle con nuestras acciones, que ellas sean el ejemplo para que nuestros hijos miren hacia la cruz, y para otras hermanas que se están levantando en la crianza. Seamos el reflejo de nuestro Dios en sabiduría, misericordia, perdón, amor y compasión.

Yo seguiré dependiendo de Su gracia que me ayuda. Seguiré siendo la mamá que le apasiona buscar información e instruirse por el bien de sus hijas. Continuaré levantándome temprano para que las atiendan en el pediatra. Su bienestar no será para nada una carga. Aunque buscar y encontrar mil maneras para darles  medicinas, terapias y suplementos sea todo un reto. No pararé de inventar cualquier música con tal que se bañen y se dejen vestir.

Mis ojos continuarán puestos en Jesús, quien me llamó a ser mamá. Él me sostendrá hasta el final.

¿Y tú, cómo puedes ver la gracia de Dios sosteniéndote hoy?