Un sufrimiento temporero y un Dios de toda gracia
Un sufrimiento temporero y un Dios de toda gracia

Un sufrimiento temporero y un Dios de toda gracia

Por Melanie Morales, Escritora Invitada

El año 2022 fue uno muy duro y lleno de pruebas para mi familia. Fue un año que nunca pensé vivir. Pero es muy cierto cuando dicen que después de la tormenta viene la calma. Creo que mi familia y yo estamos comenzando a vivir esa calma.
Mi familia es mi mayor regalo. Mis dos niñas tienen mi mundo al revés. Y mi esposo, ¡él juega un papel súper importante¡, sin él ellas no estarían aquí. Ellas son el fruto de nuestro amor y cuando crezcan, y me toque verlas irse, me quedaré junto a él. Sí, así es el matrimonio, así es el verdadero amor.

Mi esposo es mi mayor apoyo, y el pasado año su salud fue quebrantada. Ese año… en el que le prometí que iba a estar, en las buenas y en las malas, sin saber lo que pasaría. Ese año en el vi a mi esposo sumergido en la más grande vulnerabilidad. Me tocó alimentarlo, bañarlo y hasta hablar por él. Todos los días oraba por él, pero también lloraba por él y por mi familia. Me sentía como flotando en una nube. Todo había cambiado, nuestros planes se habían ido. Y era ahí donde pensaba, «yo puedo hacer todos los planes del mundo y tener salud, pero es. Dios quien tiene el control de todo».

Han sido días muy duros, pero siempre he tenido paz. Esa paz que sobre pasa todo entendimiento (Filipenses 4:6-7). Aprendí el valor de la vida, del tiempo y de las palabras. Aprendí a dormir sola, y a perder el miedo a la soledad y la oscuridad. Vencí el miedo a que una persona que amaba se me enfermara. Y enfrente el miedo de perder a mi esposo con valentía, porque Dios así lo permitió.

Durante esta travesía —que ha mejorado—, pero aún no ha acabado, estuve rodeada de muchas personas que fueron mi soporte. Algunos de ellos me dijeron palabras en momentos específicos que quedaron grabados mi memoria, y Dios me ayudo a recordarlas cuando mi cuerpo y mi mente sentían que ya no podían hacer más.

Mi papá un día me dijo: “Melanie, esto es un día a la vez. Cuando amanezca entrégale tu día al Señor y vive ese día. No pienses en lo que pasó y tampoco en lo que pudiera suceder”. Y así comencé a vivir, un día a la vez. También mi mamá me dijo: “Cuando el tenga esos momentos de estar bien, disfrútalos, abrázalo, y vívelos”. Y también eso comencé a realizar. Abrazaba y besaba a mi esposo lo más que podía. Aunque al otro día él no lo recordara.

Uno de mis hermanos y su esposa una vez me dijeron: “En esta temporada tan difícil que estás viviendo, pídele al Señor que te permita entender cual es Su enseñanza, y que no se termine hasta que la aprendas”. Esta ha sido mi temerosa oración. Otro de mis hermanos me dijo: “Tu esposo a mejorado grandemente, pero posiblemente no sea el mismo de antes. No esperes que lo sea, agradece a Dios por su vida, ama lo que él hace por ustedes, y comienza a construir nuevas memorias significativas junto a él”. Esto también lo tengo presente todos los días.

Actualmente mi esposo es totalmente independiente. Cuida de nuestras niñas y juega con ellas como lo hacía antes. Comenzó a trabajar en un nuevo ambiente donde los resultados han sido excelentes. Toca la guitarra con el mismo ánimo y energía de antes. Corre largas distancias en su bicicleta, uno de sus pasatiempos favoritos. Y dentro de nuestra iglesia local ejerce su liderazgo con mucha responsabilidad y amor.

Si cuento todo con detalles parecería una historia sacada de una película. Pero aquí lo importante no es lo “malo” o todo lo que nos ha sucedido, sino lo que a través de todo esto hemos podido vivir. Nunca había sentido la bondad del Señor tan de cerca como en esta temporada. Dios nunca me dejó.

Charles Spurgeon dijo una vez: «Oh hijo que sufres, sé paciente. Tú soberano Dios no te ha dejado de lado ni te ha olvidado. Aquel que alimenta los gorriones también te proveerá todo lo necesario. No te entregues al desanimo. ¡Confía!».

Hermana que me lees, si estás en medio del sufrimiento recuerda lo que escrito está en 1 Pedro 5:10, «Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables». Pero si hoy te encuentras en medio de la calma, espero que esta lectura anime tu corazón en cualquier sufrimiento que enfrentes en el futuro.

Recuerda que en este mundo tendremos sufrimientos temporales, pero podemos confiar porque tenemos un Dios de toda gracia.