Cerrándole la puerta a la pereza
Cerrándole la puerta a la pereza

Cerrándole la puerta a la pereza

Por Keyla Rodríguez

Pereza, ¡qué palabra! No quiero identificarme con ella, pero tengo que admitir que en numerosas ocasiones ha definido mi comportamiento. La pereza entra a nuestras vidas poco a poco y si no nos damos cuenta hace espacio para quedarse.

¿Qué es la pereza? El diccionario RAE describe la pereza como «negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados». ¿Te suena familiar?

La pereza resulta en inactividad. Mientras que la diligencia resulta en acciones asertadas en el lugar y momento indicado. Proverbios 13:4 dice: “El perezoso ambiciona, y nada consigue; el diligente ve cumplidos sus deseos” (NVI).

El problema en el asunto

El problema en el asunto de la pereza es el pecado hechando raíces en nuestro corazón. Es cuando nos alejamos de Dios y evidentemente no queremos ni podemos producir nada bueno. Es cuando pensamos en el “yo primero”. Y es que la pereza engañosamente nos llama a pensar en lo que “ yo siento, yo pienso y yo quiero” en vez de lo que Dios dice y Su buena voluntad para nosotros —para Su gloria y nuestro gozo. Del mismo modo la pereza nos lleva a buscar excusas para no hacer lo que debemos y  justificar nuestra causa. Nos dirige a creernos sabios en nuestra propia opinión. En contra de lo cual la Escrituras en Proverbios 3:7 nos advierte: “No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal” (NVI).

¿Te das cuenta? Cuando vagamos en la pereza estamos cambiando la verdad por la mentira.

En Proverbios 26:13-16 leemos:

13 Dice el perezoso: «Hay una fiera en el camino.
¡Por las calles un león anda suelto!»

14 Sobre sus goznes gira la puerta;
sobre la cama, el perezoso.

15 El perezoso mete la mano en el plato,
pero le pesa llevarse el bocado a la boca.

16 El perezoso se cree más sabio
que siete sabios que saben responder.

Luz para ver

“Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Salmos 119:105, NVI)

Solo a la luz de las escrituras podemos identificar el pecado de pereza en nuestras vidas, arrepentirnos, echarlo fuera y cerrarle la puerta. Aunque cuidado, porque tocará a la puerta y en el menor descuido intentará entrar y buscar espacio para quedarse.

En muchas ocasiones he tenido que accionar inmediatamente —como en una emergencia o como cuando olvidamos la comida en la estufa encendida y hay que salir corriendo porque sino se quema—  cuando he identificado que mi comportamiento ha comenzado a ser perezoso. ¡Esto es una batalla! Pero podemos enfrentarla con la seguridad y esperanza de que Cristo triunfo sobre la muerte y el pecado a través de Su muerte en la cruz.

Así que confesemos nuestras faltas y descuido para hacer lo que nos corresponde, y hallaremos gracia, perdón y libertad en Cristo. Nuestros pecados han sido cubiertos por Su sangre y en Él tenemos ayuda segura. 1 Juan 1:9 dice: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (NVI).

Flechas que nos ayudan a mantenernos en el camino

Proverbios 31:10-31 es como una flecha que nos apunta al fuerte fundamento de una mujer ejemplar, diligente y de buenas obras: conocimiento de la verdad y temor del Señor. El ejemplo de esta mujer no debe intimidarnos sino inspirarnos y motivarnos a la productividad en cualquier temporada de nuestras vidas.

Consideremos Proverbios 31:30-31: “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Senor es digna de alabanza. ¡Sean reconocidos sus logros, y públicamente sus obras!”. Esta mujer no vagaba en la pereza, sino que conocía el valor del tiempo y lo redimía sabiamente en lo que producía buen fruto. Sus buenas obras eran evidentes para aquellos que estaban a su alrededor.

Esto no significa que debemos de saturar nuestros días con una lista de tareas. Más bien debemos llenarnos de la verdad de las escrituras que tienen el poder para infundir nuevo aliento, dar sabiduría, traer alegría al corazón y dar luz a los ojos (Salmos 19: 7-8)

Cierra la puerta y no respondas

¡No hay tiempo que perder! Porque, ¿qué es nuestra vida? Nuestra vida es como una niebla (Santiago 4:14). No debemos permitir que la pereza tome control de nuestras emociones y nuestro caminar. Resolvamos echar la pereza fuera de nuestras vidas. Cerremos la puerta y cuando toque a ella no respondamos. Pidámosle a Dios que nos ayude. Y ciertamente tenemos la ayuda del Señor porque grande es Su fidelidad para nosotros y Su palabra es “útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el siervo de Dios este enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17, NVI).

Mientras más conozcamos nuestra Biblia más creceremos en el conocimiento de Dios y nos afirmaremos en la fe. Y si vivimos para Su gloria, será notable en las obras ordinarias que hacemos cada día.

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