7 verdades para recordar en la relación con tu cuñada
7 verdades para recordar en la relación con tu cuñada

7 verdades para recordar en la relación con tu cuñada

Por Keyla Rodríguez

Por la gracia de Dios y con el paso del tiempo he aprendido a atesorar la relación que tengo con mi cuñada. Digo esto porque no fue algo que se dio de la noche a la mañana.

No es que haya tenido una relación de enemistad con mi cuñada, pero la diferencia en nuestra relación desde el primer día que la conocí hasta el día de hoy la considero extravagante. Con gozo y gratitud puedo decir que por la gracia de Dios he ganado en ella una hermana. Y más aún porque compartimos la misma Fe.

Cada una de nosotras vivimos en lugares y circunstancias diferentes y para algunas establecer relaciones sucede con facilidad mientras que para otras se hace cuesta arriba por un sinnúmero de razones. Tal vez tu cuñada sea creyente. Tal vez no. Pero aunque tu situación sea diferente a la mía quiero animarte a vivir la relación con tu cuñada a la luz de la Palabra.


“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Timoteo 2:16-17, NVI)


Mientras meditaba en lo que ha contribuido a que tenga una buena relación con mi cuñada vinieron a mi mente 7 verdades que debo recordarme a mi misma constantemente. Oro que estas verdades puedan animarte a vivir para la gloria de Dios a la vez que sirves como flecha que apunta a otros a Cristo.

1. Es una relación entre pecadoras

Recordar la verdad de que tanto mi cuñada como yo somos pecadoras me ayuda a mantener mi pies en la tierra. Por lo tanto, no espero que mi cuñada sea perfecta. Sé que en algún momento fallaremos y eso no significará el fin del mundo. Pero sí es un buen recordatorio de la necesidad que tenemos ambas de perdón. Nuestras faltas nos dirigen a un lugar en común, la cruz de Cristo.

2. No soy mejor que mi cuñada

Anclar mi corazón a la verdad de que no soy mejor que mi cuñada me ha ayudado a mostrarle amor con libertad. El romper el patrón de comparación que suele existir entre mujeres rinde buen fruto. Debemos de cuidarnos de caer en el ciclo de exaltar las faltas de otras y minimizar las nuestras para tratar de sentir que somos mejores. Hacer esto es engañarnos a nosotras mismas. “Si alguien cree ser algo, cuando en realidad no es nada, se engaña a sí mismo. Cada cual examine su propia conducta; y, si tiene algo de qué presumir, que no se compare con nadie. Que cada uno cargue con su propia responsabilidad” (Gálatas 6:3-5, NVI). 

3. No debo murmurar 

Es muy fácil caer en la murmuración cuando queremos defender nuestra causa. Una de las cosas que he resuelto es no murmurar en contra de mi cuñada ni de ninguna otra persona. La murmuración sucede en un abrir y cerrar de ojos. Cuando nos damos cuenta ya hemos dicho demasiado. Solo con la ayuda de Dios y viviendo a luz de Su palabra podemos lograrlo. Y si caemos tenemos esperanza en nuestro punto de encuentro, la cruz de Cristo. La escritura dice en 1 Juan 2:1: “…si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo” (NVI).

4. Mi relación con mi cuñada afecta a mi esposo

Pienso que una de las últimas cosas que consideramos o que tal vez ni nos pasa por la mentees que las relaciones que establecemos con la familia de nuestros esposos de alguna manera les afecta a ellos. Debemos recordar que el mundo no gira a nuestro alrededor. Nuestro amado ya es nuestro, pero tenemos que recordar que su familia no desaparece de la faz de la tierra cuando ellos se unen a nosotras. Debemos ser motivo de gozo y honor para nuestros esposos cuando nos relacionamos con su familia. ¿Alguna vez has considerado esto? ¿Cómo haz visto que tu relación con tu cuñada afecta a tu esposo? En Proverbios 12:4 leemos: “La mujer ejemplar es corona de su esposo; la desvergonzada es carcoma en los huesos” (NVI). 

5. Debo de recordarme a mi misma las verdades del evangelio

Recordar es bueno y necesario. Nosotros tendemos a olvidar con mucha frecuencia y sufrimos las consecuencias de hacerlo. Recordar las verdades de las Escrituras es clave para avanzar en nuestro caminar en esta vida debajo del sol. Traer a la memoria las Escrituras en momentos específicos me ha llevado a tener presente lo que Señor requiere de mi como hija Suya. Me ayuda a mirarme en el espejo de Su palabra y a que mi mente sea renovada conforme a Su voluntad. Recordando que solo teniendo una relación correcta con el Padre podré tener y fomentar relaciones correctas con otros.

6. Debo de compartir las verdades del evangelio

Compartir las verdades del evangelio con mi cuñada me hace bien. Por que me lleva a examinar mi camino para ver si me encuentro andando en la Verdad. Somos llamadas a ser maestras del bien, y sea que tratemos con una mujer creyente o no, debemos de apuntar siempre a Cristo. Porque no nos promovemos a nosotras mismas, sino a Jesucristo como Señor (2 Corintios 4:5).

7. Debo amar

Debemos amar. Se trata de obediencia y podemos amar porque Dios nos amó primero (1 Juan 4:19). Y Dios que nos manda que amemos nos provee lo necesario para que cumplamos Su buena voluntad. Su palabra dice en Filipenses 2:13: pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad”. Traigo a mi mente constantemente la imagen de la cruz porque me ayuda a recordar el orden correcto en el que debo amar. Primero vertical a Dios— y luego horizontal a mi prójimo.

Mateo 22:36-40 dice:

36” —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? 37 —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”—le respondió Jesús—.38 Este es el primero y el más importante de los mandamientos.39 El segundo se parece a este: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.40 De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.”

Y finalmente, hasta entre los no creyentes se dice— debemos tratar a otros como queremos que nos traten a nosotros. En Mateo 7: 12 leemos: Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas” (NVI). 

Su gracia es mayor

Tengo que reconocer que he cometido muchos errores, pero las misericordias de Dios son nuevas cada mañana y Su gracia es más grande que todas mis faltas. Y esta verdad no es solo para mí, también es para ti en Cristo. Es mi deseo y oración que seas animada con estas verdades en cualquiera que sea la circunstancia en la que te encuentres. Vayamos constantemente al punto de encuentro, la cruz de Cristo. El evangelio lo cambia todo.

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