Viviendo a la luz de la eternidad
Viviendo a la luz de la eternidad

Viviendo a la luz de la eternidad

Por Ryanne Gonzalez

Todos a lo largo de la historia (quizás especialmente en esta generación tecnológica), buscamos que nuestra vida inspire, deje un legado, que impacte, que tenga significado. No es algo extraño el desear que a la hora de morir seamos recordados por algo, ¿no?

Buscamos vivir por algo que verdaderamente impacto, buscamos ser reconocidos por algo que impresione, que transforme vidas, que tenga propósito, y la verdad es que este anhelo de trascender lo superficial y hacer que nuestra vida cuente puede ser genuino y muchísimas veces es dado por Dios para que Él sea glorificado. Pero ¿qué sucede cuando este deseo nos engaña, haciendo que gastemos todas nuestras energías en cosas que realmente no tienen importancia eterna?

Trabajando por lo que no perece

Juan 6:27 nos exhorta a reevaluar nuestra manera de trabajar:

“Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del hombre. Sobre este ha puesto Dios el Padre su sello de aprobación.” (NVI)

Solamente trayendo a memoria a Cristo, el Hijo del hombre, quien nos da la comida que “permanece para vida eterna”, es que podemos vivir nuestra vida a la luz de la eternidad. Hay una mejor manera de trabajar en esta vida que nos ha sido dada para administrar, y es recordando que este mundo no es nuestro hogar. Hay más, infinitamente más.

Encontramos sabiduría al contar nuestros días, al reconocer lo corta que es nuestra vida y que todo lo que hacemos hace eco a la eternidad. Tenemos la opción de desvivirnos por crear tesoros aquí en la tierra, o crear tesoros en el cielo (Mateo 6:19-21). Al poner nuestras energías, pensamientos y recursos en que Cristo sea conocido por todos y en todos en lo cotidiano de nuestras vidas, verdaderamente depositamos nuestra esperanza en Aquel que veremos cara a cara algún día. Nuestro Amado. Nuestro Salvador.

La esperanza, ¿está en mi o en “Ti” ?

David oraba de una manera que de primera instancia pareciera ser, digamos, pesimista, pero ¡cuánta sabiduría hay en estas palabras!:

“Hazme saber, Señor, el límite de mis días, y el tiempo que me queda por vivir; hazme saber lo efímero que soy. Muy breve es la vida que me has dado, ante ti, mis años no son nada. ¡Un soplo nada más es el mortal! Es un suspiro que se pierde entre las sombras. Ilusorias son las riquezas que amontona, pues no sabe quien se quedara con ellas. Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? ¡Mi esperanza he puesto en ti!” (Salmos 39:4-6, NVI)

Es interesante ver la reacción inmediata de David al reconocer lo efímera que es la vida en comparación con la eternidad. Ciertamente no fue: “Solo se vive una vez, haz lo que te haga feliz.” sino que su mirada fue enfocada a la persona de Dios clamando: “¡Mi esperanza está en ti!”. Amiga y hermana, es mi anhelo que puedas ver cuán corta es esta vida, para que veas que hay más, mucho más al otro lado de la eternidad. Aún si estás pasando un tiempo de gozo y victorias en tu caminar con Cristo, hay más; y si estas pasando por el desierto o por la prueba profunda, permíteme animarte que la prueba que estás pasando no es digna de compararse con la gloria que te espera en la eternidad con Cristo (Romanos 8:18). Hay más, mucho mucho más.

Algunos indicadores de que hemos olvidado la eternidad

Quiero compartirte algunos indicadores que a lo largo de mi caminar con el Señor, y viviendo en comunidad con otras hermanas en la fe, han revelado que he olvidado vivir a la luz de la eternidad. Te animo a que identifiques en oración cuales son tus indicadores y le pidas al Señor que te haga alerta a ellos para reenfocar tu mirada cuando pase. Recuerdo que mi enfoque está enfocado en lo terrenal cuando

  1. Mis días giran alrededor de metas que bien pudiera hacer cualquiera que no vive para Cristo, y pienso que al completarlas me sentiré realizada.
  2. Me vuelvo enfocada en mis necesidades, expectativas, metas, planes por encima de los demás (comenzando en mi hogar).
  3. Busco ser entretenida constantemente.
  4. Mis prioridades se invierten; el trabajo primero, mi familia segundo.
  5. El Evangelio se vuelve ausente en mis interacciones con aquellos que no conocen a Jesús.

¿Cuáles son tus indicadores? ¿Sería similar a esta lista o completamente distinta? Identificar estos indicadores en mi propia vida han sido herramientas que Dios utiliza para traer mi mirada de vuelta a vivir para la eternidad. Oro que puedan ser herramientas prácticas que Él utilice en tu propio caminar con Cristo.

Vive para Cristo, predica el Evangelio, y pasa al olvido

Finalmente, en tiempos donde vivimos obsesionados por nuestra imagen, por inspirar e impactar a la mayor cantidad de personas posibles, es mi oración que Dios en Su gracia traiga convicción de que lo que nos espera en la eternidad, gracias al precioso sacrificio de Cristo, vale la pena pasar de este mundo y quedar en el olvido. Es en ese momento en el que habremos deseado exclamar las palabras dichas por Nikolaus Ludwig: “Predica el Evangelio, muere y se olvidado.”¹ Nada más importará Aquel día en que caigamos a los pies del Amado de nuestra alma al verle cara a cara.

No hay fama, reconocimiento o legado que pueda sustituir ese precioso momento. Sino que nos uniremos a los millares de millares de redimidos diciendo: “¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!”, “Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos!” (Apocalipsis 5:12,13b NIV)

Te añado varios pasajes para que en tu propio tiempo estudies y medites en la vida a la luz de la eternidad:


¹Benge, J., Benge,G.(2012). Count Zinzendorf: Firstfruit, Christian heroes then and now. YWAM Publishing.

 

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