Una mujer contracultura
Una mujer contracultura

Una mujer contracultura

Por Ryanne Gonzalez

En una generación de “súper mujeres” y “mujeres empoderadas” es bueno y necesario que las mujeres cristianas nos detengamos a cuestionar qué filosofías hemos permitido que tomen lugar en nuestros corazones y moldeen nuestra idea del diseño de Dios para nosotras. Es la Palabra de Dios la que debe ser el fundamento de nuestra definición de ser mujeres. No le corresponde a la cultura, las “influencers” o las artistas virales en las redes sociales determinar como nos vestimos, como respetamos a nuestros esposos y como asumimos los diferentes roles en nuestras vidas, en nuestro trabajo, en la iglesia local y con nuestra comunidad. Sin darnos cuenta podemos permitir que el feminismo toque a nuestra puerta y poco a poco, sutilmente, dejarle entrar.

El antídoto

Pero cuán maravillosa y transformadora es la Palabra de Dios que nos confronta y anima en cada área de nuestras vidas. Las Escrituras nos mandan a que NO nos amoldemos a este mundo y todo lo que implica, sino que “…sean transformados mediante la renovación de su mente…”. Esto aplica a cada uno de nuestros roles, ideologías y creencias por más arraigadas que estén en nuestras mentes y corazones. Y “… así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2, NVI).

No hay atajos. En un mundo donde todo nos anima a que seamos fuertes y que todo lo podemos por el hecho de que somos mujeres; la Palabra de Dios nos lleva a ser mujeres contracultura y a entender que solamente en la obra de Cristo descansa nuestro valor y propósito. Cuando rendimos a Él cada pensamiento e ideología que hemos adoptado, Él promete hacernos libres al conocer Su verdad (Juan 8:32).

Entonces, ¿quiere decir esto que las mujeres cristianas somos débiles, anticuadas y sin sentido de moda? La respuesta es un rotundo y liberador “No”.

1 Pedro 3:3-4 (NVI) dice lo siguiente: “Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios(énfasis añadido).

Fuerza y belleza definidas por Dios

La fuerza y belleza de una mujer cristiana no viene de la esencia misma de ser mujer, sino de la confianza inconmovible en el Dios que la creó y conoce su diseño mejor que nadie. Conocer esta verdad nos hace libres de la esclavitud de mantener la imagen de “super mujer”; entenderla nos lleva a poner la definición de belleza en el lugar correcto. Como nos vestimos, como servimos a nuestra familia, trabajo e iglesia local, y a Quién atribuimos nuestra fuerza debe llevarnos a reflejar cuán precioso es nuestro Salvador, a servir a los demás sin ningún obstáculo y darle toda la gloria a Dios.

La fuerza y belleza de la mujer tampoco viene de una personalidad en particular. Dios creó nuestra personalidad para que, sujeta a Su Espíritu, pueda usarla para Sus propósitos y el avance de Su Evangelio. Un “espíritu suave y apacible” (v.4) proviene del estar arraigadas en Dios y Su carácter revelado en la Palabra, permaneciendo seguras y confiadas sean cual sean nuestras circunstancias.

Cristo nos hizo Suyas a través de Su sacrificio, no nos pertenecemos a nosotras mismas. Por esta razón, que podamos tener corazones moldeables y enseñables a la hora de pedirle al Señor que examine nuestros corazones en el área de nuestra feminidad. Que toda ideología, pensamiento o moda que intenta dirigir la atención de los que están a nuestro alrededor hacia nosotras mismas, sea sustituida por la libertad de Su preciosa Palabra. ¡Qué seamos, con la ayuda del Espíritu Santo, mujeres que viven su feminidad a la luz del Evangelio y el nombre de Jesús sea proclamado en todo lo que somos y hacemos!

“La gloria, Señor, no es para nosotros; no es para nosotros, sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad» (Salmos 115:1, NVI)

 

 

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