Originadas en Dios
Originadas en Dios

Originadas en Dios

Por Keyla Rodríguez

Los creó hombre y mujer, y los bendijo. El día que fueron creados los llamó «seres humanos»”

(Génesis 5:1-2, NVI)

En medio de un mundo cambiante —lleno de preguntas y toda clase de filosofías como respuesta— es importante estar paradas en terreno firme y no en arena movediza. Permanecemos o nos hundimos.

Este es el caso para muchas mujeres en el tema del género femenino y sus roles y funciones. Tal parece que en el mundo existe una “batalla campal” por demostrar el valor, importancia y capacidad de la mujer para hacer lo mismo que el hombre hace y mejor que él. No podemos escapar de esta realidad. Lamentablemente, esto también se ha infiltrado dentro de la comunidad de mujeres creyentes. Formar parte de esta batalla es a lo que yo le llamaría estar paradas en arena movediza.

“Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó”

(Génesis 1:27, NVI)

El hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios, igualmente dignos y valiosos, y hermosamente diferentes en su físico, roles y funciones —dentro del hogar y la iglesia— para el gozo de ambos, el propósito divino, y la gloria de Dios. La mujer no fue un accidente con diseño erróneo en la creación. Dios creo todas las cosas —incluyendo a la mujer— y consideró que fue bueno “muy bueno” (Génesis 1:31). El género femenino fue creado para Su gloria.

Amadas hermanas, no caigamos en la confusión y batalla mundana contra los designios de Dios. Enfrentamos una fuerte oposición en un mundo que nos quiere dictar como vivir y que perseguir. Y nuestro pecado nos lleva a desear lo que no nos pertenece, y a ver de manera distorsionada el diseño original de Dios para el hombre y la mujer.

Cuando conocemos, abrazamos y creemos el diseño divino para la mujer no hay razón para batallar contra el hombre, sino para colaborar con él. Una mujer que vive conforme a su diseño tiene el privilegio de reflejar el carácter de Dios de maneras particulares en las que el hombre no puede hacerlo –siendo ayuda idónea y portadora de vida. Nuestro género, rol, función e identidad tienen su origen en Dios (Vea Génesis 2) . Por lo tanto, estos no dependen de la edad, del estado civil o de títulos dados por el hombre. Es Dios quien determina lo que somos.

En Cristo estamos completas. Así que vivamos a luz de Su palabra, abracemos el diseño divino y persigamos la madurez espiritual. Amadas, ¡fuimos creadas por Él y para Él!


“¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!” (Salmos 139:14, NVI)


 

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