Mamá, ¡Celebra a Cristo!
Mamá, ¡Celebra a Cristo!

Mamá, ¡Celebra a Cristo!

Por Keyla Rodríguez

Maternidad, desde sentir el más abundante gozo hasta sentir que no aguantarás hasta el final del día. ¡Es asombroso! ¡Es maravilloso!

La experiencia de la maternidad nos hace ver la vida a través de un lente diferente. Nos ayuda a darnos cuenta de que no somos tan ágiles y fuertes como pensábamos, y que imaginar algo no es lo mismo que vivirlo. Sin embargo, cuando entendemos y vivimos el diseño divino de la maternidad esta se convierte en un lugar hermoso de santificación para nosotras.

La maternidad es un recordatorio cada día de cuánto necesitamos a Cristo. De cuánto dependemos de nuestro Creador y Salvador en esta carrera de la vida hasta hasta llegar a la ciudad Dios.

Mamá que me lees, que estás agotada y necesitas ánimo, que sientes que casi ya no aguantas, ¡busca refugio en tu Creador!, en el que te diseño a ti y también la maternidad. ¡Hay grande gracia y esperanza para nosotras! El Señor no se complace en nuestra agilidad y fuerza, ni se asombra con nuestra lentitud y cansancio. Dice Su Palabra que Él «se complace en los que le temen, en los que confían en su gran amor» (Salmo 147:10-11, NVI).

Recordemos al Creador de la maternidad y que nos sostiene a través de ella. Dios nos ha dado la gracia de ser dadoras de vida no solamente de manera biológica, sino en toda relación que tenemos la oportunidad de establecer, enseñando lo que es bueno y apuntado a otros a Cristo —el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:16).

Por la gracia de ser dadoras de vida, por todo lo aprendido en el camino, por las maravillosas bondades que nos acompañan cada mañana —por esto y más— no a nosotros, sino al nombre de Dios sea dada la honra y la gloria.

Mamá, —biológica o del corazón— ¡te invito a celebrar a Cristo en tu vida, hoy y todos los días! Porque fuimos creadas por Él y para Él.


«Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras» Santiago 1:17, NVI


 

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